En tiempos de dificultades para montar espectáculos y hacer giras, la organización solidaria independiente es fundamental. Así lo entendió La Vorágine, que coordina el Ciclo de Teatro del NOA en la sala Puerto Libertad (Las Piedras 1.850), del que participarán distintos elencos de la región durante esta temporada.

La inauguración será hoy a las 21 con la obra “El espejo”, con dramaturgia y dirección de Yan Pilán y las actuaciones de Mitina Galván y Kristian Liendo, del grupo La Casa de Santiago del Estero. “Hay dolores que no hacen ruido. Historias que se rompen en silencio. Esta obra es un reflejo de todo eso que no se dice, de lo que se oculta detrás de una mirada, de lo que pesa cuando nadie está mirando. A veces, el espejo no devuelve una imagen… sino una verdad”, es la sinopsis de la propuesta.

“Abordamos la temática del suicidio, porque lo creemos necesario. Tiene un peso social muy fuerte, no nos animamos a hablar, lo metemos abajo de la alfombra, creemos que no existe. Y cuando nos sucede, lo sufrimos mucho más allá del dolor. No lo vi, me siento mal, no lo pude ayudar. “El ser humano se suicida porque le duele vivir. Ama vivir, pero le duele tanto que no sabe cómo hacerlo y no ve otra salida”, le dice el director a LA GACETA.

En escena están Andrés, un joven que llega a su casa, mantiene una corta conversación por teléfono y se decide afeitarse. Cuando se mira en el espejo para hacer el corte, entra en una crisis profunda. Entonces aparece Ángela, que “el público definirá si es la voz de su conciencia, un espíritu protector, un ángel, Dios, la naturaleza, lo que quiera; lo interpela, lo cuestiona, lo enfrenta, pero sin mantener nunca un contacto visual entre ambos”, describe.

- ¿Qué imagen nos devuelve a cada uno ese espejo?

- Es un elemento cotidiano, lo usamos todos, es lo primero que vemos en el día al despertar. Te modifica si te animás al acto existencial de verte. El solo hecho de darte cuenta de que te mirás es un acto valorativo de vida. Te devuelve tu rostro y un mundo entero atrás, pero no nos damos cuenta. No tenemos esa posibilidad de pararnos frente al espejo de la vida y hablarnos, mimarnos, cuidarnos, preocuparnos, ser responsables de nosotros mismos. No tengo un relato histórico de hechos para hablar del suicidio.

- ¿Cómo trabajaste el texto?

- Normalmente, la dramaturgia se apoya en un relato para construir ideas, fuerzas que nos preocupan. Pero solo he hablado del suicidio, aunque sin hablarlo. Andrés no sabe amar y por eso no sabe vivir. El amor es plenitud, es goce, es fruto, es luz que puede brillar en la oscuridad, en los momentos más oscuros de nuestra vida.

- Abordan un tema complejo...

- Soy un convencido de que el teatro hace bien y hace bien porque modifica a todos, público, artistas, técnicos... tenemos la obligación ética de hacerlo, hoy más necesario que nunca.

Una propuesta teatral que nace de la biodanza y de la creatividad

- ¿Cómo es hacer teatro independiente en Santiago del Estero en este momento?

- Estamos viviendo tiempos difíciles, enfrentando a modelos y a cosmovisiones antropológicas totalmente opuestas a lo comunitario, a lo social, que es lo que identifica genuinamente este arte. Soy propietario de una sala y el 6 de junio festejaremos nuestros 23 años sin claudicar. Sostener la actividad es dificilísima, pero tenemos la necesidad imperiosa de que el teatro grite comunidad, de que el teatro grite nosotros.

- ¿Qué caracteriza esta época?

- El profundo individualismo; las variables económicas han hecho estragos y están matando personas. Pero el teatro brilla más cuando las crisis son más duras. No nos podemos callar, es necesario que el teatro establezca el lenguaje del nosotros, del iguales, del podemos, de la dignidad. El teatro independiente se tiene que parar desde ese lugar en este tiempo.